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Get it on Apple Books

Conclusión a Embedded Formative Assesment

Un largo camino

El comentario y traducción de este libro nos ha llevado tiempo y muchas entradas. Por eso pensamos que es interesante intentar sintetizar las ideas principales en una sola entrada. De hecho, simplificando mucho mucho, el libro transmite esencialmente una idea: evaluar no es poner una calificación, sino usar datos y evidencias a modo de feedback para mejorar el aprendizaje de nuestros alumnos y alumnas.

Evaluación formativa vs evaluación sumativa

De hecho ya en la introducción quedan claras las intenciones del autor al escribir este libro: que los estudiantes aprendan más y mejor. Ese es el centro de atención y debe ser siempre el centro de atención de quienes nos dedicamos a evaluar: mejorar el aprendizaje y los logros de los estudiantes. Por eso, es importante distinguir entre una evaluación sumativa, que busca la generación de unos estándares que permitan medir y comparar el aprendizaje de los alumnos; y la evaluación formativa, cuyo fin es aumentar este aprendizaje. 

Después de dar valor e importancia a la evaluación formativa, a la que dedica el resto del libro, nos advierte Dylan Wiliam que, si las universidades usan la evaluación sumativa (la nota final, hablando claro) para seleccionar a los estudiantes, debemos prestar atención a las dos. 

Cuanto antes, mejor

La segunda idea clave es que la evaluación formativa no es algo trimestral, mensual o semanal. Quizás la mejor noticia del libro es que no se dedica una tarde-noche del viernes a una junta de evaluación formativa. La evaluación formativa debe suceder a la vez que el aprendizaje, es decir, en nuestras aulas.

Esto quiere decir que debemos adquirir habilidades y técnicas (de las que nos aporta el libro al final de cada capítulo) para poder dar feedback de manera efectiva al alumno acerca de su aprendizaje, y esto le permitirá precisamente crecer en este aprendizaje. 

Muy bonito, pero en aulas con tantos alumnos...

En nuestro blog intentamos seleccionar siempre los trabajos de autores que, antes que autores o investigadores, tengan experiencia directa en el aula. Se nota que Dylan Wiliam la tiene porque su primera preocupación es idear estrategias que nos permitan dar feedback en un aula con muchos alumnos. Se trata de buscar maneras que nos permitan saber en qué punto del aprendizaje se encuentra la globalidad de la clase, y también cada alumno o alumna individualmente.

Aquí surge la tercera clave: es importante recolectar evidencias del punto en el que se encuentran nuestros alumnos para poder decidir con criterio si seguimos adelante. Y si seguimos adelante porque la programación o el calendario nos lo exige, al menos tengamos claro que nos hemos dejado a unos cuantos en el camino. En las entradas de este libro hemos sugerido técnicas que pueden emplearse en grupos grandes, y que usando medios mucho o nada tecnológicos suponen estrategias oportunas para este fin.

La importancia del dato y el tiempo

La cuarta clave es común al resto de libros que hemos trabajado: debemos incluir el dato y la evidencia como criterios de nuestra práctica. Las evidencias científicas, lo que la investigación nos aporta, tiene una importancia crucial en la mejora de nuestra práctica. Por eso es importante que en la cultura organizacional de los centros educativos se favorezca la reflexión crítica de los profesores. Es esencial que se disponga de este tiempo para reflexionar sobre la propia práctica.

Utilizando los tres mundos

Finalmente, el autor también nos recomienda estrategias que permitan trabajar la evaluación formativa de los tres mundos del aprendizaje de Graham Nuthall: el que proporciona el profesor, pero también el que proporcionan los alumnos entre ellos y el que ocurre en el mundo interior del alumno. Recordemos que Nuthall afirmaba que si un concepto era trabajado con cierta frecuencia en estos tres mundos era aprendido por el alumno.

Y nos despedimos

Nos despedimos de Dylan Wiliam, esperando que os haya hecho pensar tanto como al que escribe estas líneas. Empezaremos dentro de poco con nuestro siguiente libro: la cuarta edición del clásico “Classroom Behaviour” de Bill Rogers. Cambiamos ligeramente de tema y nos centramos en la gestión de la disciplina en el aula y en generar un clima de confianza y trabajo que maximice el aprendizaje de todos los alumnos. Un manual que nos ayudará en la gestión del aula de una forma eminentemente práctica. Un abrazo y hasta pronto. Gracias por seguirnos en nuestro viaje.

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