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Guía ResearchEd: la evaluación y el diseño curricular

La evaluación y el feedback como parte de un modelo curricular basado en la progresión

El papel de la evaluación es crítico en el proceso de diseño del currículum. Aunque hablemos de evaluación como responder a la pregunta de si los estudiantes han adquirido las habilidades y conocimientos que estimamos necesarios, lo primero es determinar qué vamos a evaluar y cuál es el primer paso para crear un currículum basado en la progresión. Daisy Christodoulou (libro comentado ya aquí) afirma que "establecer un modelo de progresión útil y preciso es un requisito de cualquier sistema de evaluación, porque explica cómo los estudiantes progresan y qué pasos deben de dar de una etapa a la siguiente". 

En esta entrada trataremos de crear este modelo de progresión de la mano de Freya Odell, su autora; junto con Kris Boulton que nos emplazará a reflexionar sobre las aparentes diferencias entre las matemáticas y la enseñanza de una lengua extranjera.

El primer paso: el conocimiento y las habilidades para el futuro.

Determinar cuáles son los conocimientos que mejor ayudarán a los alumnos y alumnas en las etapas posteriores es clave para empezar el diseño curricular. Después, la misma atención debe ponerse en determinar qué habilidades son las necesarias en este mismo sentido. Por esta razón, la autora nos invita a reflexionar sobre cuáles son los conceptos claves que deben comprender para estar preparados para su siguiente etapa de formación.

De acuerdo a Wiggins y Mctighe (1998), un concepto es una "gran idea": un principio o noción que es duradera, y que su significación va más allá de sus orígenes, la asignatura o el tiempo que ha pasado desde su formulación. Morris (2009) afirma en esta misma línea:

Los conceptos tienen un lugar esencial en la estructura del conocimiento. Requieren que los alumnos demuestren niveles de pensamiento que vayan más allá de los datos o los temas. Los conceptos se usan para formular un comprensión que será retenida en el futuro: se convierten en principios o generalizaciones que los alumnos pueden utilizar para comprender el mundo. 

Podemos dividir a estas "grandes ideas" en dos categorías: ideas clave y conceptos relacionados. Las ideas clave son "amplios, organizan ideas poderosas que tienen relevancia transversal en materias y disciplinas" (von Wrede-Jervis, 2009). Por ejemplo: el cambio o continuidad de la historia, el poder transformador de la cultura, etc. 

De esta forma, cuando integramos las tres ideas propuestas: el conocimiento que deseamos que se adquiera, las habilidades que se desarrollarán, y los conceptos que sustentan ambas, se establece un modelo de progresión coherente del currículum.

El papel de la evaluación formativa en este modelo

John Hattie define la evaluación formativa como la información que obtenemos que docentes y que permite "cerrar la brecha" entre el aprendizaje actual y el aprendizaje objetivo de un alumno. Como ya hemos comentado en muchas entradas, debe ser específico y comparado con un criterio; y siempre en respuesta al trabajo de un alumno particular. Promueve la reflexión sobre el progreso realizado, y de esta manera permite la progresión hacia ese criterio.

Pero la autora puntualiza que la evaluación formativa sólo es efectiva cuando los alumnos se implican en el proceso. Para que eso pase, nosotros, como educadores, debemos recordar que "la motivación y el autoestima son influencias cruciales en el aprendizaje (Black y Wiliam, 1998). Por eso cada alumna o alumno debe entender el modelo de progresión y los pasos siguientes que se esperan, y también debe tener la confianza necesaria para evaluarse a uno mismo y comprender cómo mejorar, entendiendo que el aprendizaje ocurre con el tiempo. Además de eso, es imprescindible que los alumnos también entiendan que los errores son comunes y constituyen la clave del aprendizaje.

Un ejemplo: la expresión escrita

La autora nos propone un ejemplo conocido por todos que nos ayudará a entender qué es esto del currículum progresivo. Cuando enseñamos a escribir un texto argumentativo, hay pasos necesarios para realizar este proceso. Por ejemplo:
  • Crear una buena introducción
  • Establecer los argumentos principales
  • Crear frases convincentes
  • Incluir evidencias
  • Concluir de una manera efectiva
Cada uno de estos pasos será practica en una secuencia de clases, como ya dijimos en esta entrada. Lo que resulta importante es planificar el orden de los pasos. En este ejemplo, no parece muy lógico empezar por la introducción sin haber elaborado antes los argumentos clave.

Dos elementos más: los criterios de éxito y la práctica 

Una vez que la secuencia de aprendizaje ha sido definida necesitamos establecer los criterios de éxito para cada uno de los pasos descritos con anterioridad. La "generación de criterios claros tiene un impacto significativo en el aprendizaje", (hattie y Clarke, 2019). Esto significa que los estudiantes tienen una comprensión clara del objetivo y de los pasos establecidos para lograr ese objetivo. Para asegurar esto es muy importante el uso de modelos, como dijimos ya en esta entrada anterior. Emplear tiempo en deconstruir un ejemplo dado en base a los criterios es asegurar y mejorar la confianza en todo el proceso.

Finalmente, necesitamos planificar una práctica abundante de tres tipos: guiada, deliberada e independiente. Durante la fase guiada, hay un nivel de interacción mayor entre el docente y los alumnos, con feedback inmediato y permitiendo más oportunidades para atajar confusiones frecuentes, nuevos modelos y, si es preciso, una nueva explicación. 

En cuanto a la práctica deliberada, es importantísimo señalar las palabras de Christodoulou (2016): "existe una creencia equivocada de que practicando el resultado final, mejorará la habilidad. La evidencia apunta a lo contrario: únicamente practicando la secuencia de pasos, mejora la habilidad final y genérica". 

Un caso concreto: matemáticas vs literatura

Para Kris Boulton, hay dos modelos principales de evaluación: el modelo de dificultad y el modelo de calidad. Las matemáticas son un ejemplo del primer tipo, mientras que los exámenes de literatura son un ejemplo del segundo. La mayoría de nosotros desconoce la existencia de estos modelos, y por eso os los vamos a presentar en esta entrada. Ya os adelanto que los propios pensamientos sobre nuestro trabajo están condicionados por estas dos visiones de evaluación.

Cada materia (asignatura, disciplina) está compuesta de conceptos, hechos y procesos (cogntivos y/o físicos) que deseamos que la sociedad en conjunto posea, o a los que pensamos que tiene derecho todo individuo. Desde esta óptica, la literatura se compone de muchos conceptos, muchísimos hechos y algunos procesos; mientras que las matemáticas son esencialmente procesos, muchos conceptos pero muy escasos hechos.

Se puede argumentar, con razón, que el conocimiento de la literatura aboca en estudiantes capaces de producir una buena expresión escrita. El foco entonces está en cómo evaluamos.

La óptica sobre la que enfocamos cada materia condicionará nuestra forma de evaluar. ¿Qué esperamos de un alumno que sobresale en su conocimiento literario? ¿Y de uno que es un excelente matemático? No aportamos una respuesta, pero sí parece importante plantearse estas cuestiones a la hora de afrontar el problema de la evaluación.  

Para acabar, es importante considerar las dos ideas que os he presentado en esta entrada. Primero, apostar por un modelo de currículum que sea progresivo, es decir, en el que hay pasos definidos hacia criterios de éxito finales; y segundo, que estos criterios estén basados en una discusión y reflexión profunda de lo que significa ser bueno en cada materia, que a su vez puede enfocarse de maneras muy distintas.

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