Los mitos de la educación. Mitos III y IV sobre el siglo XXI.

Los mitos de Daisy Christodoulou: el siglo XXI lo cambia todo porque todo lo podemos buscar en internet

Los mitos que vamos a comentar en esta entrada parten de la idea de que los alumnos y alumnas del siglo XXI requieren una educación completamente diferente de los alumnos y alumnas de los siglos pasados. Por los cambios tecnológicos y económicos, no podemos seguir enseñando de la forma en que siempre lo hemos hecho. De hecho, la frase "competencias del siglo XXI" se ha convertido en algo popular en el mundo educativo. Aunque no hay ninguna autoridad que determina con exactitud cuáles son, podemos mencionar las más comunes: pensamiento crítico, solución de problemas, creatividad y comunicación interpersonal. Por tanto, las prácticas del siglo XIX de memorizar la capital, la población y los productos principales de cada país del mundo son inútiles cuando internet te puede decir en un segundo esos datos.

Por otro lado, durante las últimas décadas, la economía y los puestos de trabajo han sufrido cambios profundos. Cuando industrias enteras (pensemos en Kodak, por ejemplo) y carreras profesionales pueden volverse obsoletas con rapidez, los cuerpos de conocimiento tradicionales no son de gran valor.  Esta es la razón por la que gran parte de la retórica actual en educación suena muy similar a la retórica de los consultores de negocio modernos, incluso existen consultorías educativas muy similares a las que operan en banca o multinacionales tecnológicas. Es quizás sorprendente, puntualiza la autora, que incluso algunos sindicatos de profesores más críticos con la teoría económica actual, abracen con tanto énfasis esta forma de pensar. Donde los educadores hablamos de un currículum basado en competencias, las escuelas de negocios hablan de las competencias clave.

En conclusión, las enseñanzas de la economía moderna y del siglo XXI nos dicen que una educación que requiere aprender cosas específicas te condenará a la obsolescencia y la irrelevancia. En lugar de eso, la educación debe centrarse en la adquisición de habilidades, que permitirán a los individuos adaptarse a los cambios inevitables que este siglo nos traerá. La implicación es clara: no tiene sentido gastar tiempo en enseñar a los estudiantes un conocimiento que será inútil en su futura carrera profesional. Con ironía británica, la autora finaliza diciendo: "Si les enseñamos gran cantidad de conocimiento, les condenaremos a buscar trabajos manuales mal remunerados y en extinción, mientras que sus compañeros educados en habilidades, libres de conocimiento, podrán andar por el mundo con su creatividad y su empatía ganando grandes sumas de dinero".

¿Por qué es un mito?

Por supuesto que es cierto que las competencias definidas como "del siglo XXI" son muy importantes. La solución de problemas, la creatividad, en pensamiento crítico y relacionarse bien con las personas son cosas increíblemente importantes. Pero no hay nada exclusivo de este siglo en ellas. Los artesanos griegos de Micenas ya tenían que trabajar con otros, adaptarse e innovar. Es bastante arrogante, puntualiza Daisy Christodoulou, sugerir que ningún otro ser humano antes del año 2000 necesitara pensar críticamente, solucionar problemas, comunicarse, colaborar, crear o innovar. Es probablemente cierto que en el futuro más y más gente necesitará estas habilidades, y que habrá menos oportunidades económicas para las personas que carezcan de ellas. Pero lo que eso sugiere a la autora es que necesitamos asegurarnos de que todo el mundo tenga la educación que en el pasado era reservada para la élite.

También de acuerdo en que un aspecto en que este siglo es diferente de los otros es por el extraordinario poder de la tecnología. Pero esta diferencia, real, tiende a llevarnos a dos falacias: primero, que esta tecnología elimina la necesidad de memorizar; y segundo, que los conocimientos son innecesarios.

El desarrollo de ambos argumentos empieza diciendo que cada año se generan 1,5 exabytes (1 exabyte es igual a 1000000000 Gb). Continúa afirmando que este flujo de nueva información provoca que la mitad de lo que ha aprendido un alumno en su primer año en la universidad será obsoleto en el tercero. O como sugiere alguien en una charla a la que tuve la oportunidad de asistir, en 2030 el 70% de lo que enseñamos en la escuela será obsoleto. Esto es simplemente falso. Por supuesto que hay nuevos descubrimientos todo el tiempo, pero casi todos no anulan lo anterior, de hecho, se fundamentan en lo que ya se sabía. Es bueno recordar que Arquímedes ha tenido razón en su principio de por qué las cosas flotan durante un par de miles de años. O como dice Isaac Asimov:

En nuestro conocimiento de las matemáticas no hay una corrección significativa, casi todo es extensión. Una vez que los griegos desarrollaron el método deductivo, fue correcto por el resto de los siglos. La geometría de Euclides era incompleta y su trabajo se ha extendido enormemente, pero no ha tenido que sufrir grandes correcciones. Sus teoremas son, todos, válidos hoy.

De hecho, y esto me parece de suma importancia, la extraordinaria proliferación de conocimientos debería llevarnos a considerar algunos conocimientos básicos como lo más importante, como mecanismos para separar el trigo de enormes cantidades de paja. La ironía, por tanto, es que cuanto más nueva es una idea, más probable es que se vuelva obsoleta. Si algo se ha probado cierto y valioso durante 5.000 años, es probable que lo sea por los siguientes 100. Si algo se ha probado cierto y valioso por los últimos 20 ó 50, entonces no podemos estar tan seguros.

Larry Sanger, el co-fundador de Wikipedia (y alguien a quien podemos calificar de innovador, creativo, etc) nos dice:

Las habilidades específicas para el mundo laboral son, esencialmente, aprendidas en el mundo laboral. Así que vamos a ver, ¿qué habría sido mejor para mí aprender en 1985, cuando tenía 17 años: todos los detalles de cómo usar WordPerfect y BASIC, o la historia de los Estados Unidos? No hay duda: lo que aprendí de historia seguirá siendo más o menos lo mismo, lo que hubiera aprendido de WordPerfect y BASIC no se necesita ya.

Uno de los mantras de las consultorías (educativas y de cualquier otro tipo) es que necesitamos ser siempre nuevos, estar a la última. Pero nada se vuelve obsoleto más rápido que lo que era "estar a la última" hace unos años. Además, nos introduce en el desenfrenado ciclo del consumo: consumimos metodologías, aplicaciones, blogs como este que escribimos. A veces sin plantearnos el contexto de nuestra clase, si es el momento, si hay una base que demuestre que funcionan. Hay que cambiar, y hacerlo ya. 

¿Y lo de buscarlo en Google?

Todos los que trabajamos en educación debemos celebrar los adelantos tecnológicos, todo el bien que pueden traer y el potencial que tienen para hacer bien en el futuro. Sin embargo, la arquitectura del cerebro implica que cuando tratamos de solucionar un problema, lo hacemos con todo el conocimiento que tenemos almacenado en nuestra memoria a largo plazo. E.D. Hirsch lo resume así:
"Hay consenso en la psicología cognitiva que para generar conocimiento hace falta conocimiento."

Imaginemos por un momento buscar en el diccionario una palabra que no sabemos. A menudo la definición está llena de vocabulario complejo. Una persona que ya tiene una gran cantidad de conocimiento (en este caso de vocabulario) en su memoria a largo plazo, puede entender la definición mucho mejor que la persona que no lo tiene. En lo que llamamos la paradoja de Mateo: "los que tienen tendrán más, los que no tienen se les quitará hasta lo que tienen". Por eso debemos asegurar que todos tengan el mayor conocimiento posible de vocabulario.

Conclusión

La razón por la que describimos a alguien como poseedor de buenas habilidades de investigación y resolución de problemas es porque tienen una buena base de conocimiento que les permite interpretar de manera excelente la nueva información que van encontrando. Sólo puedes esperar que sea capaz de buscar algo en internet cuando tiene algo con lo que empezar. Las habilidades del siglo XXI dependen en gran medida de poseer una buena base de conocimiento.

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