CB: Estrategias para la clase II

Más recomendaciones

Lo importante, insiste Bill Rogers, es que si tenemos problemas comuniquemos a nuestros alumnos y alumnas nuestra creencia de que, como clase, "podemos ser mejores que esto". Esta creencia es percibida por la mayoría de los estudiantes de la clase y puede transformar una dinámica negativa. Algunas estrategias más que nos pueden ayudar en este sentido:

Aprender y usar los nombres de los alumnos

Este puede sonar mundano, pero es crucial desde el primer día. Implica un esfuerzo pero es significativo desde el punto de vista relacional, y es esencial para construir relaciones positivas. En primaria los nombres de los alumnos se pueden escribir en tarjetas colocadas en las mesas desde el primer día. 

Bill Rogers explica que, como mentor y tutor en cada nueva clase con la que ha trabajado, pide a algún alumno que le dibuje un plano de la clase con el nombre de cada uno. De esta forma puede usar este "mapa de nombres" desde el principio, especialmente mientras realizan alguna actividad. Este mapa se puede usar hasta que hemos memorizado todos los nombres, y viene muy bien si hacemos sustituciones o somos profesores de apoyo sólo en ciertos momentos del curso.

Algunas ideas cuando se trabaja con la clase entera

En las primeras sesiones con un grupo nuevo, el docente necesitará definir, establecer y mantener el criterio de que sólo una persona habla a la vez mientras el grupo hace el esfuerzo por escuchar. El autor enfatiza la importancia de recordar a nuestros estudiantes que si alguien comparte una pregunta o una idea con el profesor, en realidad hace una contribución a la clase entera. Algunos alumnos (y profes) se comportan como si una pregunta al profesor es algo entre ese alumno y el profesor. Podemos decir entonces: "Quiero que recordéis que cuando compartís en una discusión de clase, o cuando preguntáis, esa contribución es para la clase entera, no sólo para mí como profesor".

Si algunos alumnos o alumnas están hablando mientras se pregunta o se discute, es importante "parar" la clase. Señalizar con una mano, escanear visualmente el aula esperando el silencio, y decir: "Algunos de vosotros estáis hablando [...]". Una pequeña descripción y una parada táctica. "Tenemos una norma en clase sobre esto. Gracias". Es importante el detalle de "algunos de vosotros" porque no debemos generalizar en toda la clase. 

La transición al momento de trabajar una actividad

Cuando el profesor o profesora pasa de hablar a la clase entera y comienza la fase de trabajo en alguna actividad, es natural que el nivel de ruido de la clase aumente. Algunos alumnos que no estaban escuchando ahora necesitan asistencia (¿Qué tenemos que hacer?), otros empezarán a hablar con sus compañeros de trabajo (lo que es natural y aceptable si se hace en el volumen aceptable y hablando sobre la actividad). Lo importante es que la transición entre un momento y otro sea clara y definida, marcando claramente que en este momento esperamos que estén trabajando en esta actividad.

Aquí me permito un inciso que no es del autor. El nivel de ruido aceptable es un tema espinoso en el que existen diversas opiniones. Es un debate necesario en un claustro, y necesario es un mínimo consenso que transmita coherencia a nuestro alumnado. Pero más importante aún es preguntarse si el ruido es originado por hablar de la actividad o de otros temas. Me ha sucedido estar en un aula en la que supuestamente había un cierto nivel de ruido porque se trataba de una actividad grupal, y al acercarme se estaba hablando de todo (futbol, series de televisión, lo que hicieron el fin de semana...). Parece obvio, pero a veces parece que el hecho de que los alumnos hablen ya es señal de que están trabajando la actividad. Por eso Bill Rogers insiste: un nivel de ruido aceptable implica que se habla sobre la actividad. Además, cuanto más clara sea esta actividad mucho mejor. El autor insiste en la importancia de que los estudiantes sean conscientes del tiempo razonable que deben dedicar a cada actividad.

¿Cómo transmitir esto? El autor sugiere dedicar un cierto tiempo a enseñar las diferencias entre los volúmenes de voz para enfatizar la diferencia entre la voz adecuada en una discusión de clase y la voz para hablar al compañero. Una de las claves que Bill Rogers ha descubierto útiles es decir a la clase (mientras trabajan una actividad): "Tengo que ser capaz de hablar en un volumen normal en un lado de la clase y que me oigan en el extremo opuesto, sin tener que subir significativamente la voz". Otra propuesta es modelar la voz adecuada pidiendo a un alumno un lápiz en distintos volúmenes de voz para clarificar a todos los alumnos el significado de "volumen de voz adecuado".

Por el contrario, si el profesor utiliza siempre un volumen de voz INNECESARIAMENTE ALTO, esto contribuye a elevar el ruido residual de las voces de los alumnos. Otro problema de esto es que cuando necesitamos elevar la voz para enfatizar algo, no es escuchado porque siempre se eleva la voz.

Un ejemplo en educación infantil:

La profesora invita a algunos alumnos a jugar "voz al compañero" en una mesa enfrente de toda la clase. Ella se sienta y pide un lápiz de colores modelando el tono de voz adecuado y pregunta a la clase qué han notado. En seguida recibe respuestas como la "voz suave" o la "amabilidad" y la niña que le deja el lápiz explica que también la ha mirado a los ojos al pedírselo. La profesora modela también actitudes como el trabajo en silencio y luego son los propios alumnos los que practican en grupos.

Dar ayuda a los alumnos mientras trabajan una actividad.

El momento en el que los alumnos trabajan una actividad no es el momento en el que los docentes podemos sentarnos y revisar el correo, sino el momento para pasear por la clase y dar ayuda (micro-teaching en el original), especialmente a los alumnos y alumnas que más precisan este tipo de asistencia.

La razón principal de sugerir estas estrategias es garantizar una justicia razonable en la distribución de esta ayuda a muchos alumnos en un periodo corto de tiempo. Para ello, el docente debe explicar y discutir con la clase cómo los estudiantes deben solicitar está ayuda, incluso sugiriendo con humor que el profesor o profesora no es un pulpo y no tiene ocho brazos. El autor sugiere que los alumnos chequeen primero si pueden responder a la pregunta: ¿Que me piden que haga? Y luego comprueben con sus compañeros. Recuerda bastante a la estrategia "See three before me" de Dylan Wiliam que comentamos en su libro. Al final y como conclusión, el autor nos pide si hay ciertos alumnos que con su insistencia o incluso mala educación pueden monopolizar nuestra ayuda, y entonces debemos revisar nuestra práctica.

El cierre de la sesión

Igualmente importante es planificar el cierre de la sesión, especialmente en las primeras semanas con una nueva clase. Es importante acabar con un clima positivo (aunque no haya sido la mejor hora de tu vida) y con calma. También es importante pensar en el siguiente profesor o clase que llega:"Otra clase llega ahora, vamos a hacerles un favor básico, recoged las sillas, papeles a la papelera... Gracias".

Si en los últimos sesenta segundos recordamos algo importante algunos alumnos estarán esperando el timbre y no prestarán atención, por lo que cualquier aviso esencial debe hacerse antes de recoger, no durante mi después.

Un ejemplo en educación primaria:

Una profesora con la que trabajó Bill Rogers había inventado pequeñas canciones para apoyar rutinas como ésta: "Vamos a guardar nuestros lápices" y todos cantaban "Vamos a guardar nuestros lápices" mientras guardaban su material. "Vamos a salir en fila"... Y así sucesivamente. Los alumnos adoraban el juego, y con ritmo había conectado con sus niños y niñas.

Terminamos de esta forma las dos entradas dedicadas a las estrategias. La siguiente entrada seguirá desarrollando las ideas de Bill Rogers, está vez centrándonos en el uso del lenguaje. Probablemente haya alguna novedad interesante entre medias, pero os informaremos con tiempo. Esperamos que os haya hecho pensar, un abrazo.